jueves

29/12/16: la playa.

Una playa no es solo su arena, sino lo que oculta debajo. Las historias que sucedieron allí pero que no se cuentan, los amores que partieron para no volver, los corazones que se rompieron estallando en mil pedazos, los romances breves que empezaron y nunca vieron un final concreto.
Una playa es un conjunto de sucesos, un conjunto de sentimientos. Es la demostración más grande del Alma del Mundo. Y en esa playa te amé como jamás amé a nadie, te ame porque por un segundo eras mío, sólo mío. Caminamos de las manos y en ese momento pensé que ibas a ser eterno, que íbamos a ser eternos.
Pero el amor se va, al igual que el verano, al igual que los recuerdos, al igual que todo lo que conocemos. Sin embargo nunca me olvidé de vos, y sé que vos, allá al otro lado del mundo, también pensabas en mi. Pasamos varios inviernos sumidos en los brazos de otros amantes, a quienes por instantes fugaces supimos amar con fervor, sin embargo, aunque no lo sintiéramos así en ese momento, estábamos destinados a volver a encontrarnos.
Volviste. Ahí estabas, bajando de un avión, con la piel dorada, el cabello alborotado y esa sonrisa que ilumino siempre todo mi universo, eras vos, el mismo amante que antaño vi partir, aquel remolino pasional de sentimientos que me llenaba el alma y me dejaba en calma. Y no importo nada más, una vez más sentí tus brazos en torno a mi, sentí el latido de tu corazón contra mi oreja, te sentí a vos, y una vez más me invadiste y llenaste el alma.
Nuestras almas son una, siempre lo van a ser. No importa a donde nos lleve la vida, no importa quien este en el medio, nada importa, porque siempre encontramos la forma de volver el uno con el otro, simplemente porque nacimos para latir en la misma frecuencia, estamos destinados.
Mirándote a los ojos en esa playa perdida entre dunas, lo supe por primera vez, y hoy, algún tiempo después, lo volví a sentir dentro mío.

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